Buenos días... hoy toca peli. De las buenas.

«Get off my lawn!»

Que el sr. Clint Eastwood ha trabajado con grandes directores durante su carrera cinematográfica es algo que todos sabemos, más o menos. Que, además, sabe sacarle el máximo provecho a cualquier papel que le den, es algo que todos hemos visto en su filmografía. Y por eso a nadie le extraña que este caballero de 79 años sea actualmente uno de los mejores directores de cine estadounidenses en activo.

El 2.008 ha sido prolífico en películas dirigidas por el sr. Eastwood. La más conocida en España, que se estrenó hace poco en los cines, es El intercambio; película que aún no he visto, pero que tengo ya entre mi lista de pendientes. La otra, que según los rumores se rodó en sólo 35 días, y que ya se estrenó en EEUU pero aún no en España (así que por favor ahórrense los comentarios sobre cómo es posible que ya la haya visto, porque la respuesta es bastante obvia), es Gran Torino. Película que sí, como su nombre indica, incluye un Gran Torino del 72. Y también incluye a un americano cascarrabias con afición a las armas.

Eastwood, en esta película, no sólo dirige, sino que además interpreta a su personaje principal. Que no es Harry Callahan (otro rumor desmentido), sino un veterano de la guerra de Corea llamado Walt Kowalski. Walt es un tipo antipático y bastante anticuado, cuyo primer contacto con otras culturas fue precisamente la guerra de Corea. Contacto que, visto lo visto, no quiere repetir. Así que es un pelín racista, por decirlo de forma suave. Y para más inri, su familia es de las pocas familias blancas que quedan en el barrio (barrio por otra parte plagado de bandas callejeras), por lo que se pasa el día entero despotricando acerca de sus vecinos, sus costumbres y sus orígenes. Por cierto, cuando digo su familia me refiero a su mujer, su vieja perra Daisy y su Gran Torino del 72, que él mismo construyó. En cuanto a los hijos y nietos de Walt... digamos que ni ellos quieren saber nada de Walt, ni Walt de ellos. Así que, cuando la mujer de Walt muere, él se queda completamente solo. Salvo por el párroco, el padre Janovich, que prometió a la mujer de Walt que cuidaría de su marido y le arrancaría una confesión para que éste se perdonara a sí mismo su pasado. Así que el bueno del párroco no hace más que meterse en el camino de Walt y llevarse todas las broncas y peroratas del anciano.

Los vecinos de la casa de al lado de Walt son hmong, y aunque son gente pacífica, los jóvenes de la familia, Sue y Thao, no se libran tampoco del acoso de las bandas callejeras. Ni siquiera de las bandas hmong, lideradas por un primo de ellos. De hecho, quieren integrar a Thao en la banda, y lo convencen para que éste robe el Gran Torino de Walt. Sin embargo, una serie de circunstancias lleva a Walt a salvar inintencionadamente a Thao de la banda hmong, hecho que le granjea la simpatía de parte de sus vecinos asiáticos. Y aunque Walt no quiere la simpatía de nadie, y menos aún de gente que le recuerda a su pasado en Corea, los vecinos son gente bastante terca e insisten en agradecerle su valor. Claro que las bandas callejeras no están muy contentas con ese viejo metomentodo...

Estoy de acuerdo en que la película, en sí misma, no cuenta nada nuevo. Es más, se trata de la historia de un tipo retrógrado y amargado, que no quiere saber nada de ninguna cultura asiática porque ya tuvo bastante en Corea, y que finalmente, al verse inmerso de lleno en esa cultura, descubre que no es para nada lo que esperaba. Y también es la historia de la amistad que Walt desarrolla con sus vecinos, al descubrir que, al contrario de lo que él pensaba, la raza no les convierte en absoluto en malas personas. Hemos visto este argumento, o variaciones del mismo, en muchísimas películas. Sin embargo, Eastwood lo cuenta de forma totalmente creíble, desarrollando poquito a poco los personajes, y dirigiendo a sus actores de manera que hagan exactamente lo que se espera de ellos, pero con total naturalidad. Y llega a una conclusión, al final de la película, tan sensible y tan hermosa, que no puedes evitar quitarte el sombrero ante este anciano director.

En cuanto a escenas destacables que considero sencillamente soberbias: el velatorio en la casa de Walt tras el funeral de su mujer, y sobre todo, el contraste entre las dos confesiones que realiza Walt en la película, ambas con malla metálica mediante: la formal y la real.

Si la véis (es más: vedla), ya me comentaréis qué os ha parecido.

Un besote

PD: Para el que se lo esté preguntando, las imágenes de esta entrada están sacadas del enlace a la película en IMDB.